Hector Scerbo

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Espacio nórdico de Bessans

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El  Espacio nórdico para Biatlón en Bessans, en Haute-Maurienne, región de Saboya es el centro de entrenamiento oficial de los equipos franceses de biatlón.
El programa era simple, una recepción para deportistas y apoyo para el deporte, por ello los arquitectos sugirieron una forma sencilla: una cubierta de sesenta metros de largo enfrentada a las faldas esquiables de la montaña.         
El proyecto combina el uso de los materiales tradicionales (piedra y madera) con un proceso contemporáneo de ejecución, utilizando elementos prefabricados.
         
La configuración lineal y horizontal sobre la que se extiende el edificio (que tiene menos de siete metros de alto y unos sesenta de largo) resulta en una entidad arquitectónica alargada que ocupa el lugar, pero sin dominarlo. Situado fuera del pueblo, el Espacio nórdico tiene un carácter solitario y autónomo. Se enfrenta a las lomas y a los circuitos de entrenamiento, en los puntos de unión de diferentes pistas.
   


      
De cara al pueblo, el proyecto presenta un aspecto muy neutral que se relaciona a través de la cubierta de pizarra (un único plano de 1000m2). La cubierta se acerca mucho al suelo, pero es lo suficientemente alta como para permitir el paso libremente. 
         
Desde la distancia,  desde la cara norte, esta superficie aparenta emerger en el entorno. En la cara sur, frente a las lomas, en contraste, el edificio cambia su carácter levantándose y abriéndose. Esta fachada es más vivaz, con madera y con color.
        
El espacio nórdico comprende una serie de pórticos muy próximos, cada 1.20m, y revestidos, según sea necesario con vidrio, madera o pizarra. Los pórticos están formados por dos vigas que abrazan los pilares situados de tal forma que permiten situar vuelos en ambos extremos. La diferencia entre los dos vuelos se compensa con un tirante en el vuelo menor.
   
  

    
La forma arquitectónica es explícita consecuencia del proceso constructivo. Evita la ostentación y la redundancia "decorativa".
        
Un edificio debe de ser sostenible, tanto en su entorno como para sus usuarios. La construcción seca ofrece ventajas en términos de tiempo, su precisión lo hace posible, así como su carácter evolutivo. El trabajo en obra está limitado al ensamblaje de componentes prefabricados. En este caso particular, el uso de madera hace posible utilizar los procesos de producción local y la intendencia de ejecución. 
         
Las reducciones en el consumo de energía de un edificio son la cuestión primera y más importante en la optimización de su carácter arquitectónico en términos de consideraciones climatológicas. El desarrollo medioambiental del edificio ha sido también enfatizado por los sistemas activos con, por ejemplo, calefacción usando la madera como combustible, así como ventilación utilizando un sistema de doble fluido y un intercambiador de calor conectado al terreno. Otros puntos significativos incluyen el tratamiento in situ para la lluvia y, en particular, el agua procedente del deshielo de la nieve, con un gran almacén en la cara norte del edificio.




Fuente: Arquitectura y Madera.
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